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Acné
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hace 13 horasel
Ya hablamos sobre el acné anteriormente, por lo que si quieres consultar la información sobre qué es el acné, accede al siguiente enlace:
El acné puede manifestarse mediante diferentes tipos de lesiones cutáneas, cuya aparición depende principalmente del grado de obstrucción del folículo pilosebáceo y del nivel de inflamación presente en la piel, variando desde presentaciones leves, como los comedones, hasta formas más profundas e inflamatorias que pueden provocar dolor y dejar cicatrices permanentes.
Índice
- 1 Tipos de acné (1-10)
- 1.1 Acné según la gravedad
- 1.2 Acné según el tipo de lesión
- 1.3 Según el período de aparición
- 1.4 Otros tipos de acné
- 1.5 Tratamiento (6-12)
- 1.5.1 Las guías dermatológicas suelen recomendar como primera línea de tratamiento diferentes opciones terapéuticas en función de la gravedad del acné:
- 1.5.2 Tratamientos dermatológicos principales
- 1.5.3 Tratamiento complementario y protocolo CMUC
- 1.5.4 Nuestros protocolos CMUC incluyen, además del tratamiento del acné, el abordaje sistemático de las 3H de la piel: higiene, hidratación y humedad.
- 1.6 Protocolo de las 3H en piel acneica
- 1.7 Productos recomendados en la fase de humedad
- 1.8 Beneficios de los aceites ozonizados en esta fase
- 1.9 2.3 Hidratación
- 1.10 ¿Qué es un producto no comedogénico? (9-12)
- 1.11 Bibliografía
Tipos de acné (1-10)
El acné puede clasificarse de diferentes formas según distintos autores y especialistas. Sin embargo, una de las clasificaciones más utilizadas lo divide en cuatro grados según la gravedad y el número de lesiones, entre otras clasificaciones.
Acné según la gravedad
Acné leve (grado 1): predominan los comedones (puntos negros y puntos blancos). Puede haber algunas pápulas o pústulas, pero son pocas, generalmente menos de 10 lesiones
Imagen acné grado 1, leve.
Acné moderado (grado 2): aparecen entre 6 y 20 lesiones inflamatorias en una mitad de la cara. Se observan más pápulas, pústulas y comedones, y en algunos casos también puede afectar al tronco.
Imagen acné grado 2, moderado.
Acné severo (grado 3): presenta entre 21 y 50 lesiones inflamatorias. Existen numerosas pápulas y pústulas (entre 40 y 100), además de lesiones profundas o nodulares. Puede extenderse a cara, pecho y espalda.
Imagen de acné grado 3, severo.
Acné muy severo (grado 4): se caracteriza por más de 50 lesiones inflamatorias. Incluye formas graves como el acné noduloquístico o el acné conglobata, con nódulos grandes, dolorosos y quistes que pueden dejar cicatrices.
Imagen acné grado 4, muy severo.
Acné según el tipo de lesión
Acné comedónico (leve).
Las lesiones más leves del acné son los comedones, que se consideran lesiones no inflamatorias. Estas se producen cuando el folículo piloso se obstruye por la acumulación de sebo y células muertas de la piel.
Existen dos tipos principales de comedones:
Los comedones abiertos, conocidos comúnmente como puntos negros, aparecen cuando el poro permanece abierto y el contenido acumulado se oscurece al entrar en contacto con el aire debido a un proceso de oxidación.
Por otro lado, los comedones cerrados, o puntos blancos, se forman cuando el poro permanece cerrado y el material acumulado no entra en contacto con el oxígeno, lo que da lugar a pequeñas elevaciones blanquecinas en la superficie de la piel.
Imagen: acné comedones abiertos.
Acné inflamatorio (moderado).
Ocurre cuando el proceso inflamatorio aumenta, pudiendo aparecer pápulas, que son lesiones elevadas, rojizas e inflamadas que generalmente no contienen pus visible. Estas suelen ser sensibles o dolorosas al tacto y reflejan una respuesta inflamatoria del organismo frente a la obstrucción del folículo piloso y la proliferación bacteriana.
Imagen de acné inflamatorio con pápulas.
Si la inflamación continúa progresando, pueden desarrollarse pústulas, que son lesiones similares a las pápulas, pero que contienen pus en su interior. Estas lesiones presentan normalmente un centro blanquecino o amarillento rodeado de enrojecimiento. Las pústulas se forman cuando la respuesta inflamatoria provoca la acumulación de células inmunitarias y material infeccioso dentro del folículo afectado.
Imagen de acné inflamatorio con pústulas.
Acné nodular (severo):
siendo uno de los casos severos de acné, pueden aparecer nódulos, que son lesiones profundas, sólidas y dolorosas que se desarrollan bajo la superficie de la piel, afectando a capas más profundas del tejido cutáneo, por lo que suelen requerir tratamiento médico y presentan un mayor riesgo de dejar cicatrices permanentes.
Imagen: nódulo por acné.
Acné quístico (severo):
Es la forma más grave del acné. Se caracteriza por la aparición de quistes inflamatorios llenos de pus que se desarrollan profundamente en la piel. Estas lesiones suelen ser extensas, dolorosas y persistentes, y con frecuencia se asocian a cicatrices permanentes si no se tratan adecuadamente. Debido a su gravedad, este tipo de acné suele requerir tratamiento dermatológico especializado.
Imagen de quiste en el acné.
Imagen de acné con nódulos y quistes.
Acné conglobata (muy severo):
Es una forma grave con gran cantidad de comedones, pápulas, pústulas, nódulos y quistes, a menudo interconectados.
Imagen de acné conglobata. Academia Española de Dermatología Vol. 101. Núm. 6.
Imagen: tipos de acné. Imagen obtenida de Dermaniac. https://www.dermaniac.com/blog/tipos-de-acne-causas-y-tratamientos
Según el período de aparición
Acné neonatal: aparece en recién nacidos durante las primeras semanas de vida.
Acné infantil: entre las 4 semanas y el primer año.
Acné de la infancia media: entre 1 y 8 años, asociado a veces a trastornos endocrinos.
Acné preadolescente: entre los 9 y 11 años, relacionado con el inicio de la pubertad.
Acné premenstrual: aparece o empeora antes de la menstruación debido a cambios hormonales.
Acné hormonal: está relacionado con cambios hormonales, afectando principalmente a mujeres mayores de 25 años, como los que ocurren durante la pubertad, el ciclo menstrual o el estrés. Suele aparecer en la mandíbula, barbilla y parte baja de las mejillas.
Otros tipos de acné
Acné tropical: forma severa asociada a climas cálidos y húmedos.
Acné por contacto: causado por sustancias que obstruyen los poros.
Acné cosmético: provocado por productos cosméticos.
Acné ocupacional: relacionado con sustancias en el trabajo.
Cloracné: causado por exposición a hidrocarburos halogenados.
Acné por aceites minerales: debido al contacto con derivados del petróleo.
Acné iatrogénico: provocado por ciertos medicamentos.
Rosácea: durante mucho tiempo se consideró un tipo de acné, aunque hoy se clasifica como una enfermedad diferente. Si quieres saber más sobre lo que es la rosácea, haz clic en el siguiente enlace: https://www.ulceras.info/noticias/la-rosacea/?highlight=%22rosacea%22
Tratamiento (6-12)
Las guías dermatológicas suelen recomendar como primera línea de tratamiento diferentes opciones terapéuticas en función de la gravedad del acné:
Tratamientos dermatológicos principales
Retinoides tópicos: son derivados de la vitamina A que actúan regulando la renovación celular del epitelio folicular, evitando la obstrucción de los poros y la formación de comedones. Además, presentan un leve efecto antiinflamatorio. Son considerados el tratamiento de base en el acné, especialmente en formas leves y moderadas; sin embargo, pueden provocar irritación, sequedad y descamación en las primeras fases de uso.
Peróxido de benzoilo: es un agente antibacteriano y antiinflamatorio, indicado principalmente para acné comedoniano e inflamatorio leve, ya que actúa eliminando la bacteria Cutibacterium acnes, implicada en el desarrollo del acné.
También posee un efecto queratolítico leve que elimina las células muertas y ayuda a reducir la inflamación. Una de sus principales ventajas es que no genera resistencias bacterianas, aunque puede causar irritación cutánea y sequedad.
Ácido salicílico: es un beta-hidroxiácido (BHA) con acción queratolítica y comedolítica, que ayuda a exfoliar la capa superficial de la piel y a desobstruir los poros. Además, presenta propiedades antiinflamatorias y seborreguladoras, lo que lo convierte en un activo útil en el tratamiento del acné leve y como complemento en rutinas dermocosméticas.
Antibióticos tópicos u orales (en ciertos casos): se utilizan principalmente en formas inflamatorias de acné, con el objetivo de reducir la carga bacteriana y la inflamación. Los antibióticos tópicos, como clindamicina o eritromicina, suelen combinarse con peróxido de benzoilo para evitar resistencias. En casos más severos, pueden emplearse antibióticos orales, como doxiciclina o minociclina, siempre bajo supervisión médica.
Tratamiento complementario y protocolo CMUC
Nuestros protocolos CMUC incluyen, además del tratamiento del acné, el abordaje sistemático de las 3H de la piel: higiene, hidratación y humedad.
El manejo de la piel acneica debe realizarse de forma integral, considerando no solo la eliminación de las lesiones, sino también la preservación del equilibrio cutáneo y la integridad de la barrera epidérmica.
En este sentido, nuestro protocolo de las 3H constituye una estrategia eficaz que permite estructurar el cuidado de la piel acneica de manera lógica y progresiva, basada en tres pilares fundamentales: la limpieza adecuada de la piel, el mantenimiento del equilibrio del manto hidrolipídico y la correcta hidratación cutánea. Su aplicación es especialmente relevante en pieles acneicas, ya que muchos tratamientos dermatológicos pueden provocar sequedad, irritación o alteraciones en la función barrera.
Por ello, incluimos en nuestras recomendaciones complementarias para el tratamiento del acné los productos de aceites ozonizados, formulados a base de aceites vegetales ozonizados que, junto con activos como el aloe vera, la glicerina, las ceramidas o el ácido hialurónico, presentan propiedades hidratantes, calmantes, reparadoras y antimicrobianas, lo que los convierte en un complemento adecuado dentro del protocolo de las 3H, especialmente en pieles sensibles, reactivas o con tendencia acneica.
Protocolo de las 3H en piel acneica
2.1 Higiene
La higiene constituye el primer paso imprescindible en el tratamiento de la piel acneica, ya que permite eliminar los factores que contribuyen a la obstrucción del folículo pilosebáceo. Este proceso incluye la retirada de sebo en exceso, células muertas, restos de productos cosméticos, contaminantes ambientales y microorganismos presentes en la superficie cutánea.
Una limpieza adecuada no solo ayuda a prevenir la formación de nuevos comedones, sino que también mejora la eficacia de los tratamientos posteriores, al facilitar la penetración de los principios activos.
La higiene debe basarse en una limpieza suave y respetuosa con la barrera cutánea, evitando productos agresivos que puedan provocar irritación, sequedad o un aumento compensatorio en la producción de sebo. Una higiene incorrecta puede agravar el cuadro clínico, ya sea por exceso de limpieza, que altera la barrera cutánea, o por una limpieza insuficiente, porque favorece la acumulación de sebo y la proliferación bacteriana. Por ello, es fundamental emplear productos que limpien eficazmente sin comprometer el equilibrio fisiológico de la piel.
En la higiene de la piel acneica se recomiendan varios tipos de productos dermocosméticos con funciones específicas, siempre que sean suaves, no comedogénicos y adaptados a piel grasa o con tendencia acneica, como limpiadores suaves tipo geles, espumas o syndets, con un pH fisiológico aproximado de 5.5, no irritantes y con activos útiles como el ácido salicílico o la gluconolactona. Estos productos eliminan el exceso de sebo, bacterias e impurezas sin dañar la barrera cutánea y permiten controlar el exceso de grasa, mantener la función barrera y prevenir la obstrucción de los poros.
Exfoliación y productos complementarios
Los exfoliantes químicos suaves constituyen una herramienta útil, aplicándose con una frecuencia de una a tres veces por semana según la tolerancia cutánea. Entre los activos más utilizados se encuentran el ácido salicílico y los alfa-hidroxiácidos, como el ácido glicólico y el ácido láctico, los cuales favorecen la renovación celular y contribuyen a desobstruir los poros, previniendo así la formación de comedones. No obstante, su uso debe ser moderado para evitar irritaciones que puedan agravar el acné.
Asimismo, los tónicos o lociones seborreguladoras, empleados tras la limpieza, ayudan a restablecer el equilibrio cutáneo y preparar la piel para tratamientos posteriores, ya que suelen contener ingredientes como la niacinamida, el hamamelis o el ácido salicílico, que actúan regulando la producción de sebo, reduciendo el brillo y proporcionando un efecto calmante, lo que contribuye a mejorar el estado general de la piel acneica.
Aceites ozonizados en la fase de higiene
Por ello, los productos formulados con aceites ozonizados resultan adecuados para esta fase debido a sus propiedades higienizantes y respetuosas con la piel. Entre ellos destacan:
Jabón de aceite ozonizado, que permite una limpieza eficaz eliminando impurezas sin resecar la piel.
Gel de baño ozonizado, especialmente indicado en casos de acné corporal, ayudando a reducir la carga bacteriana en zonas como espalda y pecho.
Soluciones limpiadoras suaves con aceites ozonizados, que respetan el pH cutáneo y son adecuadas para pieles sensibles o reactivas.
Además, los aceites ozonizados aportan beneficios adicionales en esta fase por su acción higienizante y antimicrobiana, reduciendo la proliferación de microorganismos implicados en el acné, respetando el equilibrio cutáneo, ya que no alteran el manto hidrolipídico, evitando la sequedad excesiva y previniendo la irritación. Del mismo modo, por sus propiedades calmantes, ayudan a minimizar la irritación asociada a la limpieza en pieles sensibles o acneicas.
Es decir, los limpiadores a base de aceites ozonizados limpian, desinfectan y reducen la grasa, creando un entorno menos favorable para el acné cuando se usan como complemento en la higiene.
2.2 Humedad
La fase de humedad en el tratamiento del acné se centra en restaurar y mantener el manto hidrolipídico, una película protectora compuesta por agua y lípidos que recubre la piel. Esta estructura desempeña un papel esencial en la protección frente a agentes externos, la regulación de la pérdida de agua transepidérmica y el mantenimiento del equilibrio microbiológico cutáneo.
En la piel acneica, especialmente cuando está sometida a tratamientos tópicos, este equilibrio suele verse alterado, lo que puede provocar sequedad, irritación y aumento de la sensibilidad. Por ello, esta fase resulta fundamental para reparar la barrera cutánea y devolver el confort a la piel.
Productos recomendados en la fase de humedad
En este contexto, los productos formulados con aceites vegetales ozonizados constituyen una opción adecuada. El fluido facial de aceites ozonizados destaca por su textura ligera tipo sérum, no oclusiva, que permite mantener la hidratación sin obstruir los poros, siendo especialmente indicado en piel grasa y acné inflamatorio.
Por su parte, la crema facial de aceites ozonizados aporta hidratación y humectación gracias a componentes como glicerina, aloe vera y factores naturales de hidratación (NMF). Además, contribuye a la reparación de la barrera cutánea y ejerce una acción calmante, por lo que resulta ideal en pieles deshidratadas, sensibles o en tratamiento con retinoides o peróxido de benzoilo.
Asimismo, el aceite ozonizado puede emplearse como agente reparador con efecto oclusivo para sellar la hidratación. Su uso se recomienda de forma puntual, especialmente en procesos de cicatrización postacné o en pieles secas. En casos de acné activo, puede aplicarse en muy baja cantidad, de 1 a 2 gotas, preferiblemente en la rutina nocturna y en pieles no excesivamente grasas.
En resumen, dentro de la fase de humedad se prioriza el uso del fluido ozonizado en acné activo, la crema ozonizada en situaciones de deshidratación o sensibilidad y el aceite ozonizado de forma puntual y controlada, con el objetivo de retener agua, reparar la barrera cutánea y evitar la oclusión del poro.
Beneficios de los aceites ozonizados en esta fase
Algunos de los principales beneficios de los aceites ozonizados en esta fase son restaurar el manto hidrolipídico por la emoliencia y confort que aportan, favoreciendo la retención de la humedad y reduciendo la sensación de sequedad o tirantez; reparar la barrera cutánea tras procesos inflamatorios o tratamientos dermatológicos; así como su acción calmante y antiinflamatoria, ya que el ozono estabilizado en aceites vegetales presenta propiedades que ayudan a disminuir la irritación, el eritema y la sensibilidad cutánea, además de su actividad antimicrobiana, favoreciendo el equilibrio de la microbiota cutánea y previniendo sobreinfecciones en lesiones acneicas.
2.3 Hidratación
La hidratación constituye el tercer pilar del protocolo y se centra en aportar agua a la piel y favorecer su retención, manteniendo su elasticidad, funcionalidad y aspecto saludable. Este paso es esencial para preservar la integridad de la barrera cutánea y evitar alteraciones derivadas de la deshidratación.
En pieles con acné, la hidratación adquiere especial importancia, ya que existe la falsa creencia de que este tipo de piel no necesita hidratación. Sin embargo, la deshidratación puede provocar un aumento compensatorio de la producción de sebo, empeorando el cuadro clínico. Además, muchos tratamientos antiacné presentan efectos secantes que pueden generar descamación, tirantez e irritación. Por eso, en la piel acneica, la hidratación tiene como objetivo principal restaurar el contenido hídrico de la epidermis, mejorando la tolerancia cutánea a los tratamientos y reduciendo la irritación sin aumentar la comedogenicidad.
Activos hidratantes y productos ozonizados
Los productos de aceites ozonizados contienen activos con alta capacidad hidratante, como el ácido hialurónico, la glicerina o el aloe vera, que actúan favoreciendo la captación y retención de agua en la piel, pudiendo integrar a los aceites vegetales ozonizados como parte de la estrategia de hidratación y reparación, siempre adaptados al tipo de piel y al grado de acné.
Dentro de esta fase, estos productos aportan múltiples beneficios porque aportan y retienen agua gracias a sus ingredientes, que permiten captar grandes cantidades de agua, manteniendo la piel hidratada y flexible, mejorando la función barrera y reduciendo la pérdida de agua transepidérmica, así como la descamación y la tirantez, mejorando el confort y, por lo tanto, la tolerancia a tratamientos dermatológicos. Entre ellos destaca el fluido facial de aceites ozonizados, ideal en piel grasa, mixta y acné inflamatorio; y la crema facial de aceites ozonizados, ya que es más nutritiva y reparadora que el fluido, indicada principalmente en piel deshidratada, sensible o en tratamiento.
Beneficios de la hidratación con aceites ozonizados
La hidratación con aceites ozonizados en piel acneica no busca aportar grasa, sino restaurar el contenido hídrico y mejorar la función barrera sin aumentar la oclusión folicular.
Imagen de gama de productos a base de aceites ozonizados. Ozoaqua.
Por todo ello, y porque cumplen con nuestra base de protocolo de tratamiento de las 3H de la piel, los aceites ozonizados pueden ser una opción útil como tratamiento complementario en el manejo del acné, ya que presentan propiedades antibacterianas, antiinflamatorias y cicatrizantes. Además, algunas formulaciones están diseñadas para ser no comedogénicas y respetuosas con el equilibrio cutáneo, siendo por ello una elección de tratamiento coadyuvante que puede emplearse junto a terapias dermatológicas convencionales, especialmente en casos de acné leve o piel sensible.
¿Qué es un producto no comedogénico? (9-12)
Los productos no comedogénicos son cosméticos o productos para el cuidado de la piel formulados para no obstruir los poros.
El término proviene de la palabra comedón, que es la lesión básica del acné, es decir, puntos negros o puntos blancos. Por ello, un producto no comedogénico está diseñado para reducir la probabilidad de que se formen comedones y brotes de acné.
Estos productos funcionan de manera que no bloquean los poros y permiten que la piel respire; no favorecen la acumulación de sebo ni células muertas por los ingredientes que utilizan y suelen tener texturas ligeras o libres de aceite, siendo este el principal motivo de recomendación para personas con piel grasa o mixta, tendencia acneica y acné adulto.
Actualmente, muchos productos cosméticos incluyen la etiqueta “non-comedogenic”, “no comedogénico” u “oil-free”, como, por ejemplo, limpiadores faciales, hidratantes faciales, protectores solares o maquillajes.
Estos productos están formulados para hidratar o tratar la piel sin aumentar el riesgo de obstrucción de los folículos pilosebáceos, lo cual es clave en el control del acné.
Ingredientes recomendados y a evitar en piel acneica
Algunos productos no comedogénicos y bien tolerados por pieles acneicas incluyen ingredientes como el ácido hialurónico, niacinamida, glicerina, aloe vera, ácido salicílico o zinc. Por el contrario, algunos ingredientes cosméticos que pueden favorecer la obstrucción de los poros en ciertas personas, es decir, ingredientes comedogénicos, son el aceite de coco, la manteca de cacao, la lanolina o algunas siliconas densas.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que el efecto comedogénico depende también del tipo de piel y de la formulación completa del producto.
El uso de productos no comedogénicos es una medida importante en el manejo del acné porque reduce el riesgo de nuevos brotes, evita empeorar lesiones existentes, permite hidratar la piel sin obstruir los poros y complementa los tratamientos dermatológicos. Por esta razón, los dermatólogos suelen recomendarlos para el acné, especialmente en el rostro.
El acné es una de las afecciones cutáneas más frecuentes que precisa de una evaluación individualizada para determinar el tratamiento más adecuado, que no solo busca controlar las lesiones activas, sino también prevenir secuelas como cicatrices y alteraciones en la pigmentación; por ello, es fundamental acudir a profesionales cualificados.
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